In nican ca tlamachilliztlatolzazanilli ye huecauh mochiuh- Aquí están las palabras-recuerdo que repiten lo que se sabe que sucedió en la antigüedad

lunes, 13 de junio de 2016

Maximiliano y Carlota hacen su entrada a la Ciudad de México (12 de junio de 1864 )





“…El día 12 de junio ( de 1864 ) las principales calles de la ciudad parecían más bien los corredores de un vastísimo y suntuoso palacio; arcos de triunfo bellísimos y de exquisito gusto formados con flores naturales, largos tramos ricamente alfombrados, colosales espejos, enormes banderas nacionales y extranjeras, ir y venir de elegantes damas y apuestos caballeros, todo, repito, hacía que las calles principales de la capital tuvieran más bien el aspecto de los corredores o de las terrazas de un vastísimo y suntuoso palacio que el de las calles de una ciudad.

 Todos los templos de la capital echaron a vuelo sus campanas y las salvas de artillería se sucedían sin interrupción. A la vanguardia de la comitiva iba el regimiento de lanceros mexicanos al mando del Coronel López. Este regimiento venía escoltando a Sus Majestades desde Veracruz y fue denominado algún tiempo después Regimiento de la Emperatriz. En seguida venía el regimiento de Cazadores de África y los húsares franceses que precedían la carroza de Sus Majestades.

 A ambos lados de ésta y en magnificos caballos iban los generales Bazaine y Neigre, escoltados por su numeroso y brillante Estado Mayor; seguían al carruaje imperial sesenta coches ocupados por los altos dignatarios del Imperio; cerrándose el cortejo con un regimiento de caballería mexicana.

 Dirigiéronse primero los soberanos a la Catedral, donde se entonó un solemne Te Deum y después de esta ceremonia, a pie, se dirigieron al Palacio, en medio de una multitud de más de cien mil personas  que llenaban el aire con ensordecedores vivas y aplausos.  Entre aquel mar humano, pude por vez primera contemplar rápidamente y a unos cuantos pasos al hombre a quien después había de ser acreedor a beneficios sin cuento.

Le vi pasar, arrogante, majestuoso y esbelto; impresionándome por vez primera sobre todo, la dulzura de su mirada; mirada azul, bondadosa y profunda, que tantas veces me fue concedido contemplar después. Su larga barba de oro dividida en el centro le daba un aspecto tal de Majestad, que era imposible verle sin sentirse desde luego atraído y fascinado. Desde el balcón del Palacio, Sus Majestades saludaron a la multitud y por la milésima vez en ese día, se repitieron los vivas, los aplausos y las más estruendosas manifestaciones de entusiasmo y simpatía.

 Quince días duraron las fiestas imperiales, quince días de regocijo continuo, de constante alegría de pompas revistas militares, de representaciones de gala en la Opera, de grandes bailes ofrecidos por la municipalidad, de festejos sin cuento….“

 José Luis Blasio

Secretario particular de Maximiliano de Habsburgo




” Maximiliano íntimo . El Emperador Maximiliano y su corte “ (1905)

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